
Lectio divina, que se traduce como “lectura divina”, es una antigua práctica cristiana de orar con las Escrituras. Este ejercicio espiritual es más que un método para estudiar la Biblia. Es una manera de cultivar una relación más profunda con Dios. La Lectio divina nos invita a una experiencia meditativa donde escuchamos atentamente a Dios que habla directamente a nuestras vidas.
Mucho antes de la invención de la imprenta, la lectio divina desempeñaba un papel vital en la práctica espiritual, especialmente en los monasterios. Esta práctica ayudaba a las personas a recordar y meditar sobre las Escrituras a lo largo del día y la semana. Era una manera de incorporarlas a la estructura de sus vidas diarias. En el corazón de la lectio divina está la creencia de que las Escrituras están vivas porque el Espíritu respira a través de ellas. Dios siempre está infundiendo ideas a su pueblo en cada generación, adaptando la sabiduría eterna a las circunstancias y desafíos únicos que enfrentamos.
Como vimos en la página anterior, es posible estudiar las Escrituras solo en busca de información. La lectio divina es una manera de abordar las Escrituras en busca de transformación. El estudio académico puede equiparnos con contexto, conocimiento histórico y comprensión doctrinal. Un ateo puede estudiar las Escrituras para obtener información. Es algo muy diferente estudiarlas con una apertura a que Dios no solo nos hable sino que nos transforme. La Lectio Divina se centra en el corazón y permite que las Escrituras moldeen nuestro carácter y dirijan nuestros caminos.
Si bien existen varios enfoques para la Lectio Divina (algunos modelos son más complejos que otros), nos centraremos en un enfoque simple pero profundo:
La belleza de la lectio divina es que es muy adaptable. Si bien la práctica ha sido apreciada durante siglos, no se trata de una estricta adherencia a un método. El corazón del proceso es un encuentro íntimo con el Dios vivo a través de su palabra.
Para aquellos con horarios ocupados, incluso tomar un pasaje corto y reflexionar sobre él durante todo el día puede ser una forma de lectio divina. Ya sea una nota adhesiva en su escritorio o un versículo en su refrigerador, la clave es dejar que la palabra de Dios impregne su día, guiando y dando forma a sus respuestas y acciones.