Haz un inventario de tu semana pasada. Haz dos preguntas.
¿En qué momento Dios me ha ayudado en mi necesidad espiritual? ¿En qué momentos, cuando me enfrenté a la tentación o podría haberme enfrentado a ella, el Espíritu vino a rescatarme (1 Cor. 10:13)? ¿Hubo momentos en los que no recurrí al Espíritu?
Compara tu semana pasada con el ejemplo de Jesús. Sin duda has escuchado la pregunta: “¿Qué haría Jesús?”. Suponiendo que Dios quiere que nos volvamos cada vez más como Jesús, ¿en qué momento la semana pasada, con la ayuda del Espíritu, viviste como Jesús o te volviste más como Jesús? ¿Cuándo podrías haber confiado más en el Espíritu para vivir como Jesús?
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